
Cuando su padre lo mató, lanzándolo del puente Duarte, José Ambiórix no tenía 7 ni 9 años. Solo tenía 5. Fue su progenitor, también llamado José, quien lo hizo víctima de su severa ofuscación mental.
Su madre no fue a recogerlo a Patología Forense. Ni sus tíos ni abuelos ni sus hermanos, porque no tenía. Nadie. Estaba solo, en un cuarto frío con cadáveres abiertos. José no encontró quien lo defendiera de la desquiciada sentencia de su padre. El hombre que le quitó la vida le prometió que irían de regreso a Santiago, desde donde hacía tres días había viajado a la capital con el pretexto de darle un paseo.Lo engañó. La criatura no sabía que eran otros los planes de aquel hombre enloquecido; atormentado por problemas amorosos con su madre. No tenía porqué saberlo, sus cinco años no eran suficientes para imaginar, siquiera, que terminaría hecho trizas en una fosa improvisada que acogió su despedazada anatomía (cayó justo en un hoyo cavado para introducir un poste del tendido eléctrico).José Ambiórix Germosén Díaz, así se llamaba el homicida-suicida que anteayer salió de la casa de una hermana, en la capital, con su pequeño de brazos y la firme decisión de devolvérselo a su madre. Sus parientes están impactados. Comentan a regañadientes el funesto final del niño desventurado y del padre que no tuvo valor para matarse solo.“Él salió a eso de la 1:00 de la tarde (del pasado domingo). Tenía tres días allá. Dijo que tomaría una guagua para regresar a Santiago, por eso estamos sorprendidos”, explica un sobrino de José, identificado como Aneudi. La hermana aludida en esta historia es la madre de Aneudi y vive en el capitalino sector Villa Duarte.
Parientes procuraron cadáver
Aneudi y su padre fueron los primeros en llegar a Patología Forense. Mientras cumplían trámites legales y decían cosas en voz baja, nada más hablaban del padre homicida y de un ataúd para cargarlo. Y del pequeño José, nada. El niño seguía en la sala de autopsia, solo y sin dolientes, como cuando su procreador dispuso de su vida.Serían la 1:30 de la tarde cuando un señor, evidentemente preocupado y de actitud diligente, subió hasta el segundo nivel del edificio, y dijo: “Yo me hago cargo del niño. Traje una caja para llevármelo”. Este hombre se presentó como esposo de una prima de la criatura sacrificada.El padre de Aneudi estaba presente, pero guardaba silencio, aconsejado discretamente por Aneudi. Pero su indignación pudo más que la discreción sugerida. “Ellos tenían problemas. Estaban separados desde hace mucho tiempo. Él había dicho como que tenía problemas económicos”, explicó el señor, protegiendo su identidad.José fue el único hijo concebido por su padre y la señora Miriam Durán, residente en Gurabo, Santiago. Ella estuvo en el velatorio del niño en Santiago, visiblemente compungida. Sólo decía “por qué no me mataron a mí”. Un familiar confirmó que Germosén Díaz permaneció tres días en casa de su hermana Cristina Germosén y que fueron varias las veces que, luego de reconciliarse, discutía con su esposa y terminaba amargado.
Separados para evitar conflictos
En Santiago dicen que Germosén Díaz, de 36 años, y pintor ocasional de edificaciones, tenía un historial depresivo, alegadamente motivado por las constantes rencillas con su esposa. En la casa número 17 de la calle 21, en el sector Las Colinas, de Santiago, no se aceptó la presencia de periodistas. “Queremos que digan que lo queríamos mucho, y nada más”, pedían parientes del padre del niño, que era velado en la funeraria Savica, y Germosén Díaz en la Blandino. Fueron separados por temor a conflictos. Se dijo que serán sepultados hoy, a las 4:00 p.m.
Su madre no fue a recogerlo a Patología Forense. Ni sus tíos ni abuelos ni sus hermanos, porque no tenía. Nadie. Estaba solo, en un cuarto frío con cadáveres abiertos. José no encontró quien lo defendiera de la desquiciada sentencia de su padre. El hombre que le quitó la vida le prometió que irían de regreso a Santiago, desde donde hacía tres días había viajado a la capital con el pretexto de darle un paseo.Lo engañó. La criatura no sabía que eran otros los planes de aquel hombre enloquecido; atormentado por problemas amorosos con su madre. No tenía porqué saberlo, sus cinco años no eran suficientes para imaginar, siquiera, que terminaría hecho trizas en una fosa improvisada que acogió su despedazada anatomía (cayó justo en un hoyo cavado para introducir un poste del tendido eléctrico).José Ambiórix Germosén Díaz, así se llamaba el homicida-suicida que anteayer salió de la casa de una hermana, en la capital, con su pequeño de brazos y la firme decisión de devolvérselo a su madre. Sus parientes están impactados. Comentan a regañadientes el funesto final del niño desventurado y del padre que no tuvo valor para matarse solo.“Él salió a eso de la 1:00 de la tarde (del pasado domingo). Tenía tres días allá. Dijo que tomaría una guagua para regresar a Santiago, por eso estamos sorprendidos”, explica un sobrino de José, identificado como Aneudi. La hermana aludida en esta historia es la madre de Aneudi y vive en el capitalino sector Villa Duarte.
Parientes procuraron cadáver
Aneudi y su padre fueron los primeros en llegar a Patología Forense. Mientras cumplían trámites legales y decían cosas en voz baja, nada más hablaban del padre homicida y de un ataúd para cargarlo. Y del pequeño José, nada. El niño seguía en la sala de autopsia, solo y sin dolientes, como cuando su procreador dispuso de su vida.Serían la 1:30 de la tarde cuando un señor, evidentemente preocupado y de actitud diligente, subió hasta el segundo nivel del edificio, y dijo: “Yo me hago cargo del niño. Traje una caja para llevármelo”. Este hombre se presentó como esposo de una prima de la criatura sacrificada.El padre de Aneudi estaba presente, pero guardaba silencio, aconsejado discretamente por Aneudi. Pero su indignación pudo más que la discreción sugerida. “Ellos tenían problemas. Estaban separados desde hace mucho tiempo. Él había dicho como que tenía problemas económicos”, explicó el señor, protegiendo su identidad.José fue el único hijo concebido por su padre y la señora Miriam Durán, residente en Gurabo, Santiago. Ella estuvo en el velatorio del niño en Santiago, visiblemente compungida. Sólo decía “por qué no me mataron a mí”. Un familiar confirmó que Germosén Díaz permaneció tres días en casa de su hermana Cristina Germosén y que fueron varias las veces que, luego de reconciliarse, discutía con su esposa y terminaba amargado.
Separados para evitar conflictos
En Santiago dicen que Germosén Díaz, de 36 años, y pintor ocasional de edificaciones, tenía un historial depresivo, alegadamente motivado por las constantes rencillas con su esposa. En la casa número 17 de la calle 21, en el sector Las Colinas, de Santiago, no se aceptó la presencia de periodistas. “Queremos que digan que lo queríamos mucho, y nada más”, pedían parientes del padre del niño, que era velado en la funeraria Savica, y Germosén Díaz en la Blandino. Fueron separados por temor a conflictos. Se dijo que serán sepultados hoy, a las 4:00 p.m.


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