lunes, 17 de agosto de 2009

Transición en el PRD con liderazgo fuerte y autoritario


Bajo la hegemonía de Miguel Vargas Maldonado, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) parece que cierra un ciclo de su vida populista, marcada por un fuerte liderazgo y un acentuado predominio de negociaciones y repartos de los grupos, en manifiesto empeño de adecuación a las nuevas realidades de la República Dominicana.
El cambio tiene un sello muy marcado del propio Vargas Maldonado y su equipo de colaboradores más cercanos, tecnócratas y pensadores que ya cuentan en su haber con experiencia de poder y que comprenden que el PRD con el que gobernaron en su último período no puede ser el mismo con el que habrán de convencer al pueblo dominicano, descreído de todos, por ineptitud, corrupción o falta de coraje y voluntad para combatir seriamente la pobreza y promover la equidad social incluyente a mayor velocidad.El cambio por el que está apostando Vargas Maldonado no viene del influjo inevitable de triunfos de un nuevo modelo en una etapa crítica en América Latina (socialismo del siglo 21, por ejemplo) ni necesariamente de una acentuación de las ideas profundas de José Francisco Peña Gómez. Quizás se origina en la comprensión de una sociedad dominicana cada vez más conservadora que al mismo tiempo reclama decencia en el desempeño público, eficacia en la gobernabilidad, seguridad pública y servicios.En la variopinta expresión con que suelen manifestarse las sociedades, las tendencias éticas de hoy coinciden con sectores democráticos que en el pasado enfrentaron la cultura del fraude como medio de perpetuación en el poder.De hecho, la mayor presión que hoy siente el Gobierno proviene de una coalición no escrita de esos sectores. El PRD trata de sintonizar con ellos con el deliberado y razonable propósito de ganar. La adecuación sugiere una renuncia a los consabidos métodos del partido blanco de dirimir sus diferencias por la vía de los escándalos, las confrontaciones y al final el reparto que de una u otra forma reprueba la sociedad.El PRD vive entonces en un estadio de transición y de acomodo, donde cohabitan los viejos robles más inteligentes con los tecnócratas y pensadores políticos. En ese escenario ha rehuido conscientemente una confrontación total con el gobierno, al viejo estilo de la corriente en desbandada (Proyecto Presidencial Hipólito), evita la estridencia (por eso trata de evitar el triunfo de Guido Gómez Mazara en la secretaría general para apostar a un moderado como Orlando Jorge Mera) y los excesos.En esa perspectiva no fue extraño que mientras la presidencia radical del PRD en manos de Ramón Alburquerque, apoyado por Hipólito Mejía, rechazara de plano la Cumbre para la Gobernabilidad Democrática, la corriente hoy dominante expresara su disensión mediante un sustancial documento en el cual abría una ventana a favor de la participación crítica en la cumbre. En la misma tesitura se inscribe el golpe de Vargas Maldonado, llevado a la práctica como pacto con el presidente Leonel Fernández para posibilitar la reforma constitucional. Con los acuerdos del Comité Ejecutivo Nacional realizados el sábado, el PRD de Vargas Maldonado marca el inicio del fin de un liderazgo interno condescendiente y a la vez autoritario, y al mismo tiempo confrontador total frente al adversario, a veces sin considerar las coyunturas o el estado del país, la correlación de fuerzas y las condiciones subjetivas y objetivas de las fuerzas del partido.
El predominio de los organismos
Ahora el PRD se conduce bajo un liderazgo fuerte y autoritario, pero que tratará de agotar los recursos previstos en los estatutos internos. Afirmado en una mayoría contundente, que no resiste discusión, impone el orden en casa, al estilo de su principal competidor, que suele aparecer en las encuestas bien valorado por la población por la forma en que resuelve sus diferencias internas. Cobra vigencia el predominio de los organismos para ser instrumentalizados de la forma más conveniente por los actores. Una ganancia frente a la vieja usanza del predominio de los actores al margen de los organismos. Por esa vía la tendencia al reparto y a las consolaciones mediante concesiones y puestos pierde importancia, aunque pervive, como muestran las designaciones del sábado de destacadas figuras del PPH en algunos puestos de importancia. En el plano ideológico, es poco probable que esta gestión trate de avanzar más allá de las adhesiones formales del PRD al socialismo democrático como miembro de la Internacional Socialista, al margen de que aúpe un centro de pensamiento democrático y de gerencia política. Apostará a una propuesta de gobierno que se inscribirá en su ya enunciada fórmula de abrir las puertas del partido a la sociedad, recuperar su confianza para retornar al gobierno y “desde allí producir las transformaciones sociales, económicas, políticas e institucionales que necesita el país.” Es decir, que en este período, y valorando las tendencias sociales dominicanas, es muy probable que haya una apuesta más abierta a las tendencias de derecha, incluso, a la derecha del ya de por sí conservador PLD.Y demarcará claramente distancia de las tendencias “socialistas tardías” que pululan en el continente pero que sin embargo comienzan a declinar…

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