
Muchas de nuestras conductas son enjutas que emergieron de otras funciones. Las diferencias que notamos entre géneros y también entre individuos del mismo sexo, se deben a distinciones en sus organismos, ya sean estructurales o químicas.
Sin embargo, es posible rastrear estos orígenes a otras especies, estudiando no sólo sus comportamientos sino, y más importante, las sustancias que recorren sus organismos.Tomemos la oxitocina, por ejemplo. Es posible que una gran mayoría ya esté familiarizada con esta palabra pues la investigación la ha vinculado con importantes conductas femeninas, como el parto, la creación de lazos entre bebé y mamá y también con la pareja y la leche materna. La oxitocina también es liberada tanto por el orgasmo femenino como el masculino, por lo que ha sido relacionada, además, con la confianza, especialmente la que se forma después del sexo. Los biólogos evolucionistas han emparentado este proceso con la necesidad de crear un enlace postcoital para facilitar la crianza de los hijos por ambos padres.Pues bien, en un fascinante estudio, neurobiólogos de la Universidad de Indiana han relacionado elementos que, superficialmente, no parecen tener nada en común. Ante la pregunta, ¿qué tienen en común una bandada de aves, la confianza, la monogamia y la leche materna? Sí, ya lo adivinaron, la oxitocina. Todos esos elementos son gobernados por neuroquímicos idénticos en el cerebro de las aves y los humanos. Y lo más divertido es leer sobre estos resultados.“En las aves, la oxitocina que recorre los organismos mamíferos se conoce como mesotocina y tienen las mismas funciones. Cuando bloqueamos esta hormona en pinzones cebra, unos pajaritos cantores que son altamente sociables, estos individuos cambiaron sus preferencias sociales enseguida”, explicó James Goodson, autor principal del estudio.Lo que ocurrió fue lo siguiente, los pajaritos con la hormona bloqueada se convirtieron en antisociales, no deseaban andar en grupo y preferían alejarse de los animalitos familiares y andar con desconocidos. Mientras que aquellos que fueron administrados con más de esta hormona, mostraron mayores preferencias sociales, como la de mantenerse junto a la bandada, cantar con sus “amigos” y mantener nexos sociales amplios.“Lo más impresionante de todo esto es que el tratamiento con la hormona no ejerce ningún efecto en los machos”, explicó Marcy Kingsbury, coautora del estudio.
Hembra social en la bandada
De acuerdo con Goodson, las extraordinarias diferencias entre los sexos de las aves nos proveen con pistas esenciales para el estudio de la evolución de la hormona en humanos.“La oxitocina es una descendiente evolutiva de la mesotocina y desde hace tiempo la hemos relacionado con las funciones reproductivas femeninas, como el parto, el cuidado maternal y la producción de leche materna”, explicó. Y, como si todo esto fuera poco, estas mismas conductas han sido rastreadas en peces. “Pensamos que neuropéptidos parecidos a la hormona han jugado papeles especiales en la afiliación femenina desde que los péptidos evolucionaron hace unos 450 millones de años. Las propiedades antiguas de este sistema se ha mantenido en los vertebrados desde que nos separamos de los tiburones”, dijo.
Receptores para la sociedad
Los investigadores estudiaron el comportamiento de dos tipos de pinzones, un grupo con conductas sociables y de vuelos en bandadas mientras que otro grupo estudiado presentaba conductas más agresivas y territoriales. Pues bien, los científicos encontraron que el primer grupo poseía más receptores para la hormona que el segundo. “Todo depende de los receptores, hasta entre individuos se ven las diferencias.Hay mujeres que forman uniones obsesivas con sus parejas, se vuelven muy dependientes, otras pueden ser completamente independientes y mostrar problemas para formar lazos con sus parejas, todos estos sentimientos y comportamientos están vinculados a la cantidad de receptores, (también la locación de éstos), que la persona posea para la hormona”, explicó Kingsbury.
Sin embargo, es posible rastrear estos orígenes a otras especies, estudiando no sólo sus comportamientos sino, y más importante, las sustancias que recorren sus organismos.Tomemos la oxitocina, por ejemplo. Es posible que una gran mayoría ya esté familiarizada con esta palabra pues la investigación la ha vinculado con importantes conductas femeninas, como el parto, la creación de lazos entre bebé y mamá y también con la pareja y la leche materna. La oxitocina también es liberada tanto por el orgasmo femenino como el masculino, por lo que ha sido relacionada, además, con la confianza, especialmente la que se forma después del sexo. Los biólogos evolucionistas han emparentado este proceso con la necesidad de crear un enlace postcoital para facilitar la crianza de los hijos por ambos padres.Pues bien, en un fascinante estudio, neurobiólogos de la Universidad de Indiana han relacionado elementos que, superficialmente, no parecen tener nada en común. Ante la pregunta, ¿qué tienen en común una bandada de aves, la confianza, la monogamia y la leche materna? Sí, ya lo adivinaron, la oxitocina. Todos esos elementos son gobernados por neuroquímicos idénticos en el cerebro de las aves y los humanos. Y lo más divertido es leer sobre estos resultados.“En las aves, la oxitocina que recorre los organismos mamíferos se conoce como mesotocina y tienen las mismas funciones. Cuando bloqueamos esta hormona en pinzones cebra, unos pajaritos cantores que son altamente sociables, estos individuos cambiaron sus preferencias sociales enseguida”, explicó James Goodson, autor principal del estudio.Lo que ocurrió fue lo siguiente, los pajaritos con la hormona bloqueada se convirtieron en antisociales, no deseaban andar en grupo y preferían alejarse de los animalitos familiares y andar con desconocidos. Mientras que aquellos que fueron administrados con más de esta hormona, mostraron mayores preferencias sociales, como la de mantenerse junto a la bandada, cantar con sus “amigos” y mantener nexos sociales amplios.“Lo más impresionante de todo esto es que el tratamiento con la hormona no ejerce ningún efecto en los machos”, explicó Marcy Kingsbury, coautora del estudio.
Hembra social en la bandada
De acuerdo con Goodson, las extraordinarias diferencias entre los sexos de las aves nos proveen con pistas esenciales para el estudio de la evolución de la hormona en humanos.“La oxitocina es una descendiente evolutiva de la mesotocina y desde hace tiempo la hemos relacionado con las funciones reproductivas femeninas, como el parto, el cuidado maternal y la producción de leche materna”, explicó. Y, como si todo esto fuera poco, estas mismas conductas han sido rastreadas en peces. “Pensamos que neuropéptidos parecidos a la hormona han jugado papeles especiales en la afiliación femenina desde que los péptidos evolucionaron hace unos 450 millones de años. Las propiedades antiguas de este sistema se ha mantenido en los vertebrados desde que nos separamos de los tiburones”, dijo.
Receptores para la sociedad
Los investigadores estudiaron el comportamiento de dos tipos de pinzones, un grupo con conductas sociables y de vuelos en bandadas mientras que otro grupo estudiado presentaba conductas más agresivas y territoriales. Pues bien, los científicos encontraron que el primer grupo poseía más receptores para la hormona que el segundo. “Todo depende de los receptores, hasta entre individuos se ven las diferencias.Hay mujeres que forman uniones obsesivas con sus parejas, se vuelven muy dependientes, otras pueden ser completamente independientes y mostrar problemas para formar lazos con sus parejas, todos estos sentimientos y comportamientos están vinculados a la cantidad de receptores, (también la locación de éstos), que la persona posea para la hormona”, explicó Kingsbury.


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