domingo, 12 de abril de 2009

El amor a primera vista es genético

El amor es la fuerza que mueve la vida y la reproducción es su motivación.

Asimismo, la diversidad en el progreso evolutivo de las especies es tan importante como el agua para la vida y, por ello, los genes también poseen mecanismos para fortalecer y mantener la calidad de esta importante replicación.

Ciertamente, lo que sentimos al ser atraídos por alguien parece un detalle mágico, la ciencia intenta explicar la magia detrás de ese sentimiento, agregando así aún más asombro al mecanismo fascinante que permite la vida.

En esta ocasión, como en tantas otras, los genes nos explican detalles sobre el asistente ejecutivo del amor: la atracción a primera vista, la que, al parecer, también se encuentra bajo el control de nuestros genomas.

“Nuestros cuerpos son unas máquinas programadas ciegamente por genes egoístas”, escribió el biólogo Richard Dawkins en su libro El gen egoísta, y la investigación en el área tiene ya varias décadas demostrándonos que es así.

De hecho, el historial médico de cada paciente es aún la información más relevante, la diferencia es que ahora sabemos que estos datos los llevamos escritos en nuestros genomas.

Pues bien, comencemos por el principio. No todos los genomas se llevan bien. De hecho, la naturaleza se vale de mecanismos varios que impiden ciertas mezclas genéticas, como el incesto y mezclas sanguíneas que pueden ser dañinas para la cría.

De la misma forma, los genes compatibles se atraen, como imanes de cargas opuestas.

Esas combinaciones que avanzarían la especie con su combinación, tienden a activar mecanismos que hacen que la persona piense que ha sido flechada, irremediablemente, por Cupido.

La verdad es aún más impresionante: es usted víctima de un mecanismo que tiene millones y millones de años en evolución.

“Nuestra investigación nos ayuda a iluminar el complejo proceso bioquímico involucrado en la selección de pareja y en la reproducción”, dijo Mariana Wolfner, profesora de biología en la Universidad de Cornell y una de las autoras en el equipo estadounidense que realizó la investigación.

Por supuesto, que estos estudios no van dirigidos directamente a producir cambios en la conducta humana, pero cuando hablamos de insectos el asunto cambia completamente.

“Estos descubrimientos pueden llevarnos a encontrar una forma de disminuir la población de insectos no deseados al activar o desactivar los genes claves en las decisiones de apareamiento en las hembras”.

Reforzamiento genes

El asunto es que, a nivel genético, habemos algunos que somos más compatibles que otros y esta compatibilidad juega un papel sumamente importante en la selección de parejas, el resultado del apareamiento y futuros comportamientos reproductivos.

Los investigadores de ambas naciones utilizaron las moscas domésticas para descubrir las bases de este reforzamiento genético (“genetic priming”) que obligan a las hembras a decidirse por un macho en particular y no por otros.

La forma en que estudiarían los grupos se basaría en el apareamiento.

Los investigadores dividieron los insectos en grupos genéticos compatibles y otros para nada compatibles y estudiaron los resultados de varias variables entre los animales hembras, desde la conducta durante el apareamiento y el seguimiento del proceso reproductivo.

Este estudio fue publicado en el diario Genética (http://www.genetics.org).

La conducta de las hembras

Ciertamente, las mujeres somos muy distintas a las moscas. Pero los mecanismos genéticos que llevan a las moscas a elegir a un macho por encima de otro, son muy parecidos a los que hacen que una mujer se enamore de ese hombre que tanto la mortifica y no del vecino que le envía flores todos los meses.

Se trata de los genes. Ellos “saben” quiénes son más compatibles. Por eso, la conducta de la dama en cuestión causará problemas entre sus amistades que no aciertan a entender por qué se empeña en elegir al hombre “equivocado”.

El empeño es genético y, desafortunadamente o no, la biología dicta nuestras conductas.

“Aún entre las moscas es aparente que a las hembras realmente les importa el carácter de sus parejas”, explicó para EurekAlert Mark Johnston, editor en jefe del diario Genetics, “pero realmente no tienen ningún control sobre la decisión de elegir su pareja”.

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